Reflexiones sobre el II Congreso Internacional Legaltech de Donosti, por Bárbara Román

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Otro año más que vuelvo de Donosti con resaca. Resaca mental, que es aún peor que la física. Han sido tantas las ideas han vuelto a surgir en torno a la situación del Legaltech en España, los debates que se han generado, los comentarios, los tuits, las conexiones extrañas y la gente que de alguna manera ha participado en este congreso que llega un momento en que colapso mentalmente. Este Congreso siempre me deja esta sensacion agridulce de “que bien lo he pasado pero, por favor, no lo hagamos más”. Otra edición con un feedback muy bueno de los participantes, con la confianza del grupo SPRI como patrocinador, con la satisfacción de que el trabajo que hemos venido haciendo durante meses ha dado sus frutos y que los organizadores no se han hecho el harakiri a pesar de los sobresaltos de última hora, que siempre los hay. Éxito total.

Jorge Morell hacía un resumen buenísimo hace pocos días de lo que supuso el congreso hacia fuera. Yo quiero hacerlo sobre lo que supuso celebrar este encuentro hacia dentro, en base a algunas reflexiones que me surgieron entre mesa y mesa, y ya con tiempo suficiente para haber digerido de alguna manera la experiencia de estar durante horas hablando, debatiendo, moderando y discutiendo alrededor del impacto que la tecnología está teniendo en el sector legal. Ese poso que se ha quedado fijado en el fondo de mi memoria es lo que os traigo:

  • Ni son nuevas, ni son tecnologías. Repasando el último año nos damos cuenta de la multitud de eventos que se han organizado alrededor del Legaltech, del interés de los colegios de abogados en posicionarse como referentes en innovación dentro de sus respectivas comunidades, varios hackathones a nivel nacional y mundial, conversaciones cada vez más habituales sobre Inteligencia Artificial, Machine Learning, Chatbots, Design Thinking, Blockchain, introducción en los planes de estudio de algunas facultades de asignaturas específicas de tecnología legal, la primera promoción en Deusto del Grado de Derecho Digital. ¿Estamos ante una burbuja del Legaltech, o más bien en una fase posterior donde todo se va asentando para dirigirse hacia proyectos más concretos? Porque ya no hablamos de nuevas tecnologías, hablamos de ideas y planteamientos que de alguna forma se han colado en un mundo legal anclado en unos cimientos decimonónicos, que se tambalean. No es nuevo, el origen de la tecnología se remonta al siglo XVI. De hecho no es siquiera tecnología, estamos hablando de un cambio de paradigma social, de personas que buscan una nueva forma de relacionarse con el mundo, y parece que esta explosión legaltechie es el resultado de esta realidad.
  • La transformación digital está en ti. Comentaba con Sara Molina, Guillermo Navarro, Fernando Biurrun y con alguno más una situación que cada vez resulta más habitual: gente que quiere a toda costa un programa de software, una automatización de sus procesos, una página web pero que no tiene muy claro el objetivo de esa tecnología. O que quiere meter un nuevo programa de gestión del despacho molón, y que a los pocos meses nadie ha tocado porque la gente ni sabe para qué sirve, ni le interesa. La transformación digital requiere un proceso de transformación personal previo, donde la organización o las personas que se vayan a ver involucradas de verdad quieran involucrarse, y fluir con la tecnología. Al final, detrás de las máquinas siempre hay humanos, al menos de momento. Aprovechemos esta oportunidad para aprender, para mejorar como profesionales, que la transformación tecnológica ya llegará de forma natural. Cuando quieres relacionarte de forma inmediata, “gratuita” y simultánea a través de tu móvil te descargas Whatsapp o Telegram. Cuando estés preparado para trabajar de forma eficiente, “gratuita” y escalable ya buscarás ese programa que te va a ayudar a lograrlo. Eso es, para mi, la transformación digital que todos buscamos. La que va de dentro hacia afuera, las otras son sólo modas que pasarán y dejarán un montón de cacharros inútiles detrás.
  • Al César lo que es del César. Me impresionó mucho la mesa sobre marketplaces, y especialmente la intervención de Martí Manent. No lo conocía personalmente, y llevo una semana reflexionando sobre una idea que apuntó y que me dejó tocada. Hablábamos de los roces que han venido existiendo en los últimos años entre las plataformas de intercambio de servicios, o los directorios de abogados, y las “instituciones”: por la publicidad que se hace, por los precios en contraposición directa con los honorarios que los colegios profesionales marcan, por los límites de la deontología a los que los abogados están sujetos. Y Martí sugirió, con un ejemplo muy gráfico comparando a los abogados con los taxistas, que al final el trabajo de los abogados va a ser el que la ley les reserve. Y me parece que tiene toda la razón. ¿Son los servicios jurídicos una cosa, y las funciones de un abogado otra distinta? ¿Veremos cada vez más empresas y nuevos sectores que van a ir reduciendo el hábitat natual de los abogados? ¿Los meteremos en una reserva, que no será otra que los juzgados, y serán profesionales en peligro de extinción?
  • No es la tecnología, estúpidos. Los problemas a los que nos enfrentamos como profesionales no se van a solucionar con tecnología e innovación, que parece que van siempre de la mano ambos conceptos. Se van a solucionar con una reflexión madura por parte de aquellos que han conseguido identificarlos, analizarlos, y han visto más allá de los próximos tres años. No somos políticos, somos personas que queremos disfrutar de nuestro trabajo antes de que nos coman los robots o las startups legales. Nuestro horizonte debería ser más amplio. Fingir que esos problemas no existen es de imbéciles, pero pensar que la innovación en la profesión viene por introducir nuevos programas en los despachos o nuevas metodologías guays que el directivo de turno ha leído en un artículo sí que parece un verdadero problema. Foros como el Legaltech de Donosti, o asociaciones como ELTA son cada día más necesarios para poder afrontar los cambios que se van a producir en los próximos años, y poder entender todo esto de la tecnología legal y la transformación digital.

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