El juicio mediático puede ser una losa, independientemente de la posterior resolución judicial

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Las partes implicadas en un proceso judicial se exponen forzosamente a dos tipos de juicio, el que lleva a cabo la propia Administración de Justicia y, por otro lado, el juicio de la opinión pública. Esto provoca daños en la imagen y reputación, tanto en denunciantes como en personas, empresas u organizaciones denunciadas. Y se produce un impacto aún más negativo si las afectadas son mujeres, dada la existencia de sesgos de género y fenómenos como la revictimización, muy habituales en las narrativas de los medios de comunicación.

Sin embargo, ¿se es consciente de hasta qué punto un mal manejo de la comunicación puede condenar a una persona antes de que se dicte una sentencia? o ¿se ha analizado el motivo por el que las mujeres son tratadas de forma desigual en la cobertura mediática de casos legales? A éstos y otros interrogantes se dio respuesta en la mañana de ayer durante la celebración de la V edición de LIDEResA, organizada por la agencia iMADES Communication con la colaboración, un año más, del medio Corresponsables como media partner.

Gloria Poyatos, Presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) y Cofundadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE), una voz referente en el ámbito de la justicia y la igualdad, fue la encargada de llevar a cabo la apertura institucional del evento y declaró que “hoy en día la totalidad de las sentencias dictadas por los órganos colegiados son públicas, lo cual es buenísimo, es democrático y deseable que sean escrutadas por la ciudadanía a la que van dirigidas y sean analizadas y criticadas desde una visión puramente social”. En cambio, a través de ese escrutinio público emergen inevitablemente riesgos relacionados con la posibilidad de manipulación del relato mediático, lo que obliga a activar una mirada crítica y selectiva acerca de la información judicial y a que profesionales de la justicia y de la comunicación deban trabajar de la mano para preservar la integridad de los procesos.

El reconocido periodista Carlos Berbell, director del diario jurídico Confilegal, actuó como moderador de una mesa en la que se puso de relieve precisamente la importancia que tienen hoy en día, y especialmente tras el auge de las redes sociales, los juicios paralelos. Esto genera complejos debates acerca de los límites entre el derecho a la información vs el derecho a la intimidad y al secreto de las actuaciones procesales, pues es ciertamente complicado mantener a salvo la imagen y reputación de las partes implicadas.

No en vano, según se expuso, la repercusión mediática es mayor que la propia repercusión jurídica debido a que los efectos perduran mucho más tiempo e impactan también a la familia y círculo cercano de la víctima, lo que se denomina victimización secundaria. Por ello, y dada la relevancia que tienen estos juicios mediáticos, Estela Martín, abogada, Presidenta de la Sección de Igualdad del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) y Dircom de la consultora SINCRO, considera “fundamental invertir en comunicación en una estrategia legal porque un caso mal llevado mediáticamente puede suponer un lastre para el resto de la vida, independientemente de la resolución judicial”.

Así lo corroboró Beatriz de Vicente, abogada penalista, criminóloga y creadora del podcast “BESTIAS” en un intenso debate en el que declaró que “aunque un abogado/a no quiera participar del impacto de la prensa, sí debe elaborar estrategias para confrontar a la opinión pública porque siempre van a existir procesos de descrédito que pueden tumbar un proceso”. Del mismo modo, alertó acerca de la existencia de “circos mediáticos” que acompañan a ciertos procesos legales y al empeño de la prensa y la sociedad en construir el relato del “culpable perfecto” o la “víctima perfecta”, entre otros motivos, porque se necesita pensar que la motivación del delito tiene una explicación.

Las mujeres, protagonistas de la distorsión de las narrativas legales

Los daños sobre la imagen y reputación que produce el juicio mediático pueden ser irreversibles, incluso aunque la justicia determine la inocencia o el sobreseimiento, máxime si la persona, empresa u organización afectada tiene una elevada exposición mediática. Esta malintencionada distorsión de las narrativas que comúnmente acompaña a los procesos legales cobra una mayor virulencia cuando las afectadas son mujeres, quienes sufren en mayor instancia la presión mediática y se exponen a las consecuencias dañinas que genera la introducción de sesgos de género y que es fruto de la cultura que históricamente venimos arrastrando.

Así se expuso en la mesa moderada por María Garzón, Socia Fundadora y Responsable de Marca Personal, Mujer y Liderazgo en iMADES Communication, en la que participaron abogadas de casos con elevada repercusión mediática. Nuria González, abogada especialista en DDHH y representante legal de la demanda de Rosa Peral contra Netflix, expuso cómo “el machismo sistémico de la opinión pública y de los medios de comunicación se observan de forma clara en un caso como el de Rosa Peral convirtiendo incluso en mediático un caso que no lo era”, pues pese a ser condenada junto con un hombre por asesinato en 2017, es tratada de forma completamente desigual en los medios, quienes a día de hoy continúan enfocando su participación en los hechos por medio de titulares que resaltan su faceta íntima y sexual.

Carla Vall i Duran, abogada penalista, criminóloga e integrante del equipo legal de Jenni Hermoso, también ha podido comprobar de primera mano a lo largo de su trayectoria cómo abogadas y denunciantes mujeres son mucho más mediatizadas que los hombres, por lo que éste es tan solo uno de los motivos por los que la abogacía debe tener conocimiento acerca del funcionamiento de los medios, ya que si abogadas/os no comunican serán otras personas quienes ocupen ese espacio: “El silencio mediático no existe”, afirmó.

Por su parte, Mònica Santiago, Directora Ejecutiva de Vosseler Abogados y Presidenta de Vosseler Acción Social, desde donde lideró la liberación de Fátima Ofkir -joven española condenada a cadena perpetua en Omán- ofreció una visión complementaria de la presión mediática y expuso cómo en su caso fue precisamente la estrategia comunicativa la clave para traer a Fátima a España y lograr su liberación ratificando, una vez más, el poder que tienen los medios en los procesos legales.

La comunicación estratégica fortalece la defensa legal

Por todo ello, en un contexto en el que los medios de comunicación y también la ciudadanía demandan grandes volúmenes de información acerca de los procesos legales es clave contar con una estrategia de comunicación que permita visibilizar de forma controlada el proceso, aportar información verídica y actualizada acerca del mismo, posicionar la versión de la parte implicada y, especialmente, preservar la imagen y reputación de la persona o empresa involucrada, previniendo y amortiguando los riesgos y fortaleciendo la defensa judicial.

Hoy en día una estrategia comunicativa bien planteada por parte de profesionales especialistas en comunicación, anexa al procedimiento legal, es una condición sine qua non para que los equipos legales tengan el control del relato y eviten que la presión mediática pueda influir negativamente en el procedimiento que debe resolver el órgano jurisdiccional. Solo así será posible prevenir y minimizar el riesgo de sobrevivir a un juicio mediático cuando para los medios y/o la opinión pública se es “culpable” antes de que la justicia se pronuncie o pese a que al cliente le declaran inocente.

Fuente: IMADES Comunicación

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